Todo empieza en una época donde nadie estaba pendiente de esto
Si uno se va para Nueva York a comienzos de los 2000, el contexto era muy distinto a lo que hoy vemos. No había cultura de “drops” como ahora, ni gente pendiente del minuto exacto en que sale un producto. Supreme era simplemente una tienda de skate bien posicionada en Lafayette Street, un lugar donde la gente del parche llegaba, hablaba un rato, compraba algo si podía y seguía su día.
Al mismo tiempo, Nike estaba tratando de meterse en el skate con su línea SB. Tenían todo el poder como marca, pero en ese mundo eso no servía de mucho si la gente no te creía. El skate no funciona con campañas grandes, funciona con respeto, y ese respeto no se compra.
Por eso la conexión con Supreme fue tan importante. No fue una colaboración pensada para hacer ruido global, fue más bien una decisión lógica dentro de la escena. Y justo por eso terminó siendo tan influyente.
El primer Dunk: algo raro que con el tiempo se volvió clave
El primer Nike x Supreme fue un SB Dunk Low en 2002. En ese momento no era “el par histórico”, era simplemente un lanzamiento más dentro de una línea que estaba creciendo. Pero tenía un detalle que lo hacía distinto: el elephant print, un diseño que venía directamente del mundo Jordan.
Esa mezcla no era tan común en ese momento, y menos dentro del skate. Era como si estuvieran cruzando dos códigos distintos sin hacer mucho ruido. Lo curioso es que nadie lo trataba como algo especial. La gente los usaba para patinar, se dañaban, se ensuciaban, cumplían su función.
Hoy en día ese mismo par es una referencia obligatoria, pero en su momento era solo parte del día a día. Eso dice mucho de cómo funciona esta cultura: muchas cosas importantes no se sienten grandes cuando están pasando.
Los años donde todo era más interno
Después de ese primer lanzamiento, la relación entre Nike y Supreme siguió, pero sin volverse masiva de inmediato. Sacaron más Dunks, algunos Blazers, cosas que hoy uno mira y piensa “esto es sencillo”, pero en ese momento tenían mucho peso dentro de la gente que estaba metida en el skate.
No era ropa ni sneakers hechos para todo el mundo. Era más bien para el que entendía la vuelta. No necesitaban explicar nada porque el público al que le hablaban ya estaba conectado.
En Latinoamérica, por ejemplo, esto se vivía muy diferente. No era fácil conseguir nada de eso, pero igual se sentía la influencia. En ciudades como Bogotá, Medellín o Cali, la gente empezaba a ver referencias por internet, por revistas o por conocidos, y poco a poco se iba formando un gusto más definido por este tipo de estética.
No era consumo masivo, era más curiosidad y ganas de entender qué estaba pasando afuera.
El momento donde todo se empezó a llenar de gente
Ya para 2014 la cosa cambió bastante. El lanzamiento del Foamposite fue uno de esos puntos donde se nota que algo dejó de ser de nicho. Ese par era pesado visualmente, con gráficos muy cargados, colores fuertes… no era un diseño fácil, pero justo por eso llamó tanto la atención.
Las filas se volvieron mucho más grandes, llegó gente que no necesariamente venía del skate, y el ambiente empezó a cambiar. Ya no era solo el parche de siempre, ahora había mucha más gente pendiente de lo que estaba sacando Supreme.
Ese momento es importante porque marca cuando el interés se vuelve masivo. Y cuando eso pasa, la dinámica cambia sí o sí.
Cuando Supreme entra a terreno Jordan
En 2015, Supreme colabora con el Air Jordan 5, y eso ya es otro nivel. Jordan es una línea con demasiado peso dentro de la cultura, no solo por los tenis sino por todo lo que representa.
Lo interesante es que Supreme no intentó hacer algo “seguro”. No fue una versión limpia o clásica. Le metieron su propio enfoque, un poco más pesado visualmente, más alineado con su estilo.
Ese tipo de decisiones muestran cómo la marca se mueve: no entra a respetar todo tal cual, entra a reinterpretar.
Volver al pasado, pero con otra intención
Después de eso, muchas de las colaboraciones empezaron a mirar hacia modelos antiguos de Nike. Siluetas que no estaban en el radar volvieron a aparecer, pero con otro contexto. Ya no eran simplemente retros, eran piezas que conectaban con la nostalgia, pero dentro de un momento donde el streetwear ya estaba mucho más desarrollado.
Un ejemplo claro es el Uptempo, donde cambiaron el “AIR” por “SUPREME”. No era solo un cambio estético, era una forma de apropiarse de un modelo clásico y llevarlo a otro terreno.
Ese tipo de movimientos terminaron influyendo en muchas otras marcas. Hoy es normal ver reinterpretaciones, pero en ese momento no era tan común hacerlo de esa forma.
Hoy todo el mundo colabora, pero no es lo mismo
Si uno mira el panorama actual, las colaboraciones están por todas partes. Marcas grandes, pequeñas, de lujo, deportivas… todos están haciendo algo juntos. Pero eso también hace que muchas pierdan peso.
En el caso de Nike x Supreme, lo que los mantiene relevantes no es solo el nombre, es la historia que llevan detrás. No empezaron cuando ya todo estaba armado, empezaron cuando esto todavía se estaba construyendo.
Las colaboraciones más recientes pueden gustar más o menos, pero siguen teniendo ese contexto que las respalda. Y eso es lo que las mantiene en conversación.
En Latinoamérica se entendió sin tenerlo tan cerca
Algo interesante es que gran parte de esta historia se vivió desde lejos en países como Colombia. No era fácil conseguir estos pares, pero igual se sentía el impacto.
La forma de vestir empezó a cambiar, el interés por los sneakers creció, y poco a poco se fue formando una cultura local que tomaba referencias globales pero las adaptaba a su realidad.
En Bogotá, Medellín o Cali, esto se ve hoy clarísimo. No necesitas haber tenido todas las collabs para entender lo que representan.
Al final, no es solo una colaboración
Nike x Supreme no es importante solo por los sneakers que han sacado, sino por el momento en el que aparecieron y por cómo fueron creciendo. No siguieron una fórmula clara, simplemente se fueron moviendo dentro de la cultura y respondiendo a lo que pasaba alrededor.
Muchas marcas hoy intentan replicar eso, pero es difícil porque ese tipo de cosas no se planean del todo. Se dan.